De los colores otoñales al pardo invierno
De los colores otoñales al pardo invierno

Si llueve en abundancia los ríos y ramblas de Els Ports se convierten en cauces pirenaicos durante el otoño. Si no es el caso el protagonismo lo tienen los chopos que empiezan a amarillear y luego a soltar hojas poco a poco hasta que el viento del norte los despoja por completo para el invierno. El otoño en Els Ports es tiempo de caminar por la montaña, de disfrutar de los menús de setas y caza, de empezar a oler el aroma de la trufa, de huir del calor estival como antesala al severo invierno.

Los bosques de pinos y encinas, más verdes o secos dependiendo de la lluvia predominan en las masas arbóreas. Manchas de robles o arces dispersos alteran el paisaje. En el Portell de l’Infern, en la Tinença de Benifassà, el otoño es especialmente llamativo y bello. Las riberas de los ríos Cantavieja, Calders, Bergantes, Servol nos presentan choperas entre puentes medievales, antiguos molinos que trituraron grano o cenias que regaron pequeñas huertas. Junto a las ramblas y ríos también se levantan ermitas como Sant Antoni de la Vespa, entre Cinctorres y Forcall, pero en término de Morella.

De los colores otoñales al pardo invierno

En los restaurantes de Els Ports los menús de otoño cuentan con los productos de temporada, desde las setas hasta los frutos secos pasando por la carne de caza y la incipiente trufa. Los bosques y llanos de Els Ports son territorio privilegiado y amado por los buscadores no sólo de la comarca, sino también para los venidos de Cataluña, Aragón y Comunidad Valencina. Los oriundos del lugar llenan pequeñas cestas de robellones para su disfrute personal. En los restaurantes las creaciones en torno a las setas son cada vez más llamativas, sabrosas y ricas.

El otoño es la antesala de la trufa negra. Morella es referencia en el mercado nacional y los restaurantes de la zona trabajan con la trufa para ofrecer los platos más singulares a los comensales. Los bosques de Els Ports son tierra de trufa que crece en la raíz de las encinas. Además de las truferas naturales cada vez son más los cultivos.

Por las mañanas el termómetro va migrando hacia el 0. Es momento para, quizá, encender el fuego, disfrutar de una contundente y caliente olla, disfrutar de un flaó -pastel relleno de requesón- o pastel de confitura de calabaza o boniato, taparse con el peso de las mantas, leer junto a la lumbre… Y eso que no todavía no es invierno.

Por las mañanas el paisaje comienza a cubrirse de blanco con la rosada. Parece como si hubiese nevado, pero no, esta nieve es más efímera. El blanco aguanta más en las sombras y se marcha a medida que Lorenzo calienta.

En los bosques los frutos rojos colorean la otoñada. Es el tiempo en el que las cabras hispánicas inician la época de celo. Las luchas entre los machos de enormes cornamentas son el preludio de la época de reproducción. Las cabras hispánicas y corzos se esconden menos. Se les puede ver comer en cualquier borde de camino o carretera. Sobre nosotros las águilas perdiceras, buitres, cuervos o alimoches que campan sin fronteras buscando alimento.

-El camino de los trashumantes

Els Ports y la Tinença de Benifassà son también territorios trashumantes. La Ruta del Llosar, que recibe el nombre por la ermita de Vilafranca, es la más transitada desde las montañas turolenses del Maestrazgo hasta el Baix Maestrat. Los ganados de vacas y ovejas, conducidos por los pastores y los perros, descienden por las montañas camino del Baix Maestrat castellonense y el Montsià de Tarragona. Los caminos trashumantes se remontan en los siglos y mantienen vivas rutas pedestres con derechos y preferencia sobre los caminos asfaltados. Las rutas trashumantes pueden ser, sin duda, una buena elección para los senderistas. Subir por la carretera de la Tinença desde la Pobla hasta Castell de Cabres, ascender el Coll d’Ares o el Puerto de Querol o llegar desde el Bajo Aragón por Mirambel, Torremiró o Sorita, nos adentran en Els Ports, un territorio donde cada estación tiene un color.